En la pastoral vocacional

Ser oyentes y servidores de la Palabra, que es Cristo, significa ser sujetos de una experiencia personal de encuentro con Él. Se trata de una verdadera experiencia mística, pero de una mística del todo especial: no nos evade de nuestra vida cotidiana, sino que acontece en ella. Es la misma Palabra la que ha venido a nuestra orilla, a nuestras redes, se ha hecho encontradizo con nosotros, se ha dado a conocer y, finalmente, nos ha llamado a dejar nuestras redes, nuestra barca, nuestras raíces, para entregar toda nuestra existencia, nuestro tiempo, nuestras capacidades a estar con Él (eso es estar a la escucha), y para ir allí a dónde Él nos envíe (en eso consiste servirle: serle útiles, estar a su servicio). En Rusia está experiencia fue perseguida con saña durante decenios. Ahora existe un ambiente más favorable, pero siguen actuando las consecuencias de un largo desierto, que dificultan enormemente, no tanto el deseo, cuanto la realización del camino vocacional. Por eso, de momento, es preciso insistir en la primera dimensión, de oyentes de la Palabra. Con la conciencia de que no es mero “escuchar” pasivo, sino de un estar en contacto vivo con Cristo, Palabra encarnada, que habla y, al mismo tiempo, sana, devuelve la vista y el oído, pone en pie y hace caminar. Sólo a partir de ahí, tal vez a la vuelta de una o dos generaciones, será posible realizar con mayores garantías la propuesta vocacional de convertirse en servidores de la Palabra. Pero Cristo hace milagros. Por eso, pese a las dificultades objetivas y subjetivas, ya hay vocaciones (en la Congregación dos Sacerdotes y un Estudiante profeso), que son, ojalá lo sean, las primicias de un futuro Padre Claret ruso. _____ José María Vegas, CMF [en Rusia desde 1996]

"¡Somos misioneros! La Misión pertenece a nuestra identidad más profunda". | "We are missionaries! The Mission belongs to the core of our most fundamental identity".

MS 1 (Cf. CC 2; Dir 26.)