En la vida comunitaria

Siempre agradecidos al Señor, los misioneros claretianos hacemos nuestro el compromiso de extender por el mundo la buena noticia del Magnificat de María, porque el Poderoso ha hecho obras grandes (cfr. MS, 36). Enviados a evangelizar y escuchar a los pobres, nos esforzamos en seguir las huellas del Maestro de Nazaret, ungido y enviado a “anunciar a los pobres la Buena Nueva y a proclamar la liberación a los cautivos” (Lc,4.18). El Papa Francisco dejó claro en dónde se hallan los pobres a los que somos enviados: en las periferias del mundo. Los Magos de Oriente son ejemplo en dejarse guiar por la estrella que todavía hoy lleva a las zonas marginales y de descarte social en donde se hallan los nuevos ‘Jesús’ de nuestro mundo.

En mi experiencia tengo, y creo que es la más común, que las periferias tienen una localización geográfica, pero no sólo. Pobres los tendréis siempre, dijo Jesús. Y podremos añadir, pobres los hallaréis en todas partes. Y cuál es el perfil del pobre lo conocemos todos en teoría. Viene recogido admirablemente en la Declaración del XV Capítulo General Claretiano, nn. 49-52, que podemos resumir diciendo que pobres son los frágiles, los indefensos; en lo personal, en lo social, en lo económico…

El contexto pastoral desde el que escribo estas líneas es la vida comunitaria y la pastoral parroquial. El contexto social que lo acompaña es de convivencia en el respeto de los derechos personales, y el contexto económico es de relativo bienestar. A pesar de eso, también aquí hay pobres, frágiles e indefensos, muy indefensos. Y aquí, se siente también la urgencia de ser instrumentos de Dios, liberadores y promotores de los pobres mediante el respeto, la valoración del otro, la misericordia y la compasión evangélicas. Y en línea claretiana, aquí se hace necesario encarnar el buen deseo de llegar a ser una Congregación pobre y para los pobres (cf. EG, 198). Esos pobres, preferidos de Dios, ¡qué fácil es decirlo!, que son ricos en confianza hacia Dios, en alzar humildemente los ojos a lo alto y saber suplicar y agradecer, en tener el corazón y las manos abiertos para recibir y compartir. Esos pobres, junto con María, son maestros de evangelización. Para ellos Dios es buena noticia, el que hace cosas grandes y enaltece a los humildes. Son en nuestro mundo la reserva de gratitud y de alabanza, y en su corazón la pobreza se convierte en esperanza. ___ Vicente Pecharromán Tristán, CMF [Segovia - España]

 

 

"¡Somos misioneros! La Misión pertenece a nuestra identidad más profunda". | "We are missionaries! The Mission belongs to the core of our most fundamental identity".

MS 1 (Cf. CC 2; Dir 26.)