En la pastoral social

Acoger, escuchar, acompañar, cuidar, promover, ofrecer un hogar a personas en situación de pobreza, exclusión y descarte... Es relativamente sencillo. Más complicado es dejarnos afectar, cambiar nuestro modo de vivir: compartir nuestros bienes, nuestra vida, nuestra casa; dejar de colaborar y denunciar las estructuras de injusticia, luchar contra el sistema, poner en práctica alternativas… Todo ello es anuncio del Evangelio. ___ Agustín Ortiz CMF [Bilbao, Euskal Herria]

 

Como misioneros estamos llamados a escuchar el palpitar del mundo y llevar la Buena Noticia de Jesús donde más falta hace. Esta llamada es más urgente cuando hablamos de personas que son víctimas de las injusticias sociales y que, por motivos diversos, se encuentran en riesgo de exclusión social: personas sin techo, migrantes, mujeres y familias con situaciones de extrema vulnerabilidad, adolescentes, prisioneros…

“Escuchar a los pobres” significa estar atentos a cada realidad para poder hacer un acompañamiento adecuado a cada situación concreta. En este sentido es importante saber crear un ambiente de proximidad y confianza: interesarnos por la vida de las personas, ofrecer espacios de puertas abiertas y acogedores que faciliten la apertura y el diálogo, una comida caliente, una ducha, lavar la ropa, un espacio donde reunirse, tender la mano y, juntos, buscar un futuro mejor, más humano, digno, saludable… Por ello, es necesario el trabajo en red con otras instituciones y profesionales: Servicios Sociales, Cáritas, Cruz Roja, otras asociaciones que buscan humanizar este mundo…

En las escuelas y en los centros de actividades juveniles, además de las ayudas a las familias que lo necesitan, es importante hacer campañas de sensibilización y de solidaridad, visitar centros donde tienen proyectos sociales, entrar en contacto con las personas, hablar… Porque “escuchar a los pobres” también significa romper las barreras de la indiferencia y abrir nuestro pequeño mundo a las distintas realidades humanas.

Los misioneros nos sentimos “enviados a evangelizar” y, siendo sensibles a esta llamada de Dios, lo hacemos de la mejor forma posible con procesos de acompañamiento concretos, según lo requiere cada situación. La evangelización puede tener lugar compartiendo una comida en un comedor social para celebrar la Navidad o bien durante una celebración de la misa dominical en la cárcel, con los presos, con tertulias en diálogo abierto iluminadas por la Palabra y la oración. Cada grupo humano es un mundo, tiene su propio ritmo y no podemos forzarlo. Por parte nuestra, que no nos falte la creatividad, el buen humor, la confianza y la oración. ___ Josep Codina, CMF (Prefecto de Apostolado de Catalunya).

"¡Somos misioneros! La Misión pertenece a nuestra identidad más profunda". | "We are missionaries! The Mission belongs to the core of our most fundamental identity".

MS 1 (Cf. CC 2; Dir 26.)