En JPIC

E’ un regalo della vita l’essere stato chiamato a scoprire  parole di salvezza nella vita dei poveri. Il regalo è l’irrompere del regno di Dio nella vita di Gesù e in quella di ogni uomo, la mia compresa. Questo riempie di stupore e mi fa sentire a mio agio nella storia dei giorni. Mi fa vivere due testimonianze: il grido contro il male e lo sguardo verso la cena con Dio e con tutti gli uomini. ___ Angelo Cupini CMF [Casa Sul Pozzo, Lecco - Italia]

 

Se trata de uno de los rasgos característicos de nuestro ADN, de nuestro ser Claretiano, que me hace volver sobre la verdad central del Evangelio. La opción por los pobres en la Congregación tiene un fundamento bíblico, el Jesús de los evangelios hizo una opción preferencial por los pobres y los consideró los primeros destinatarios de su mensaje. Este rasgo es algo fundamental y vital para mí, me capacita para estar siempre atento al clamor de los pobres. Mi ser claretiano me pide estar inmerso en la realidad de los pobres, viviéndola como acontecimiento propio.

Considero que para evangelizar a los pobres hay que tomar tiempo para escucharles, conocer su historia, tener en cuenta las situaciones que condicionan su mentalidad y sus opciones. Esto porque ningún cristiano puede vivir su fe al margen de su vida. Es que la fe es algo que abrasa todo nuestro ser, de lo contrario se trata de una realidad que nos esclaviza.

El compromiso por los pobres debe partir de una actitud de compresión de su situación, de sus verdaderos y concretos problemas, a partir de una presencia, de una convivencia, de una identificación con ellos tal como Jesús a identificarse: «Tuve hambre me diste de comer… estuve desnudo me cubriste… en cuanto lo hiciste a uno de estos más pequeños, a mí lo hiciste» (Mt 25, 31-46). Antes de hablar y de dar, debemos acercarnos para escuchar, comprender, aprender, compadecer, aceptar, ayudar y servir desde dentro con humildad. Tenemos que dedicar tiempo, sin prisa, para escuchar sin prejuicios el corazón del otro, dejándonos afectar por su situación. Los pobres tienen mucho que enseñarnos. De ellos podemos aprender una confianza total en Dios y una generosidad sin límites. Estas personas sufrientes y sencillas, pero con un corazón grande y generoso que sabe amar sin reservas, son ellos que mantienen vivo el Espíritu de Jesús y nos ayudan a estar firmes en nuestra vocación. Ellos son los que creen de verdad en Dios, los que hacen la humanidad más humana.

Escuchar a los pobres es escuchar a Dios ya que los pobres son un lugar teológico, donde podemos ver, tocar, palpar el rostro desfigurado del Hijo de Dios. Dios nos habla a través de ellos. Los pobres nos evangelizan también, incluso hasta con su propia existencia, por los clamores en manifiestos espontáneos que lanzan. Se convierten en una señal de los tiempos por la que Dios interpela a la humanidad para la conversión. En un mundo ansioso de eficiencia y de efectos espectaculares, escuchar a los pobres nos evangeliza por su esperanza tranquila, ellos saben alegrarse y estar muy agradecidos al Dios de la vida con lo poco, los pequeños milagros cotidianos que saben disfrutar con hechos sencillos, saben reconocer la presencia de Dios hasta en los más pequeños detalles. Escuchándolos a ellos aprendo a seguir más de cerca a Jesús.

Prosiguiendo nuestro enfoque, escuchar a los pobres, conocer su realidad, nos exige ir más lejos y hablarles de manera profunda y liberadora de alguien que da sentido a su vida, Jesucristo ya que no hay evangelización sin un anuncio explícito de Él. No es una doctrina, una observancia de la ley del templo, sino una liberación entendida como salvación integral de los pobres, sin reducciones espiritualistas. Se anuncia con palabras y hechos, es decir, con el testimonio de vida; se trata de predicar y hacer realidad la Buena Noticia, Jesucristo. Es algo que, en medio de tantas experiencias dolorosas, de sus llantos y sus miserias les trae una esperanza nueva, aporta luz, despierta la alegría, da sentido y dignidad nueva a todo; aporta una nueva manera de ver la vida y anima a vivir de manera más abierta. Enviado a evangelizar a los pobres es invitarles a experimentar a Jesucristo como algo vital, nuevo y bueno para su propia vida. Nos referimos a una evangelización que les libere, les quite el miedo a Dios, les haga sentir su ternura de Abba, Papito, su misericordia; les transforme su vida, les ayude a luchar para cambiar su condición de vida. Evangelizar a los pobres es cuidarlos en su conjunto, incluso en su destino de salvación, tanto en sus dimensiones corporales, sociales y espirituales. Sin duda este es el punto culminante de la experiencia de que estoy viviendo. Cuanto más sirvo a los pobres más descubro cuánto se identifica Cristo con ellos. Y al servir a los pobres sirvo a Cristo presente en ellos.

Como miembro de JPIC enviado a evangelizar a los pobres, trato siempre de aplicar la metodología del buen samaritano: el buen samaritano se acercó, vio y se compadeció de aquel hombre que estaba en el margen del camino mal herido por unos ladrones. El amor efectivo es un lenguaje universal que todo el mundo entiende. Un animador de JPIC es aquel que une en un todo el mensaje y el gesto, que explica lo que es mediante lo que hace. Esto no obsta que seamos conscientes de que hay muchas maneras de evangelizar a los pobres. El sacerdote y el levita de la parábola del buen samaritano, al ver al herido en el camino dieron un rodeo y pasaron de largo (Cf. Lc 10, 30-37). Vieron la realidad, pero les molestó y huyeron de ella. Una evangelización encarnada, es una evangelización que conoce la realidad, siente ternura, abre las puertas a la misericordia, pone el corazón en aquél que está sufriendo, ya sea material, espiritual o moralmente, y también asume un compromiso. ___ Jean Alix, CMF [Haiti]

"¡Somos misioneros! La Misión pertenece a nuestra identidad más profunda". | "We are missionaries! The Mission belongs to the core of our most fundamental identity".

MS 1 (Cf. CC 2; Dir 26.)