En el ministerio episcopal

Un verdadero diálogo supone dos requisitos. Por una parte, pide acoger al otro -su persona, cultura, historia, situación- con sumo respeto y con una mente abierta a las sorpresas del encuentro. Por otra parte, pide también expresar con profunda humildad y gran sinceridad la propia identidad, asumiendo responsablemente los valores que guían la propia vida.

El diálogo exige transparencia, sinceridad. No valen las agendas ocultas. Sólo a partir de ahí es posible un diálogo que enriquezca a las personas, purifique imágenes y conceptos, corrija prejuicios y capacite para colaborar en la construcción de una humanidad en la que cada persona y cada pueblo sean respetados en su inviolable dignidad. Jesús llamó a esa realidad “Reino de Dios”, porque conocía que éste era el deseo que llenaba el corazón del Padre.

El diálogo abre nuevos horizontes, obliga a replantearse las cuestiones de fondo y ayuda a descubrir la belleza de las respuestas que muchas personas y pueblos les han dado a lo largo de la historia y les siguen dando hoy. Pero, al mismo tiempo, el diálogo suscita dudas, crea incomodidad, supone sufrimiento porque no se puede permanecer indiferente ante el sufrimiento de la persona o personas con quienes nos encontramos.

El diálogo es más que las palabras a través de las que nos expresamos. Es, ante todo, cercanía, amistad, comunión, que se traducen en gestos concretos. De lo contrario, esas palabras acaban siendo instrumentos de autocomplacencia y autoengaño.

Diálogo profético es aquél que hace surgir algo nuevo en los interlocutores y, a través de ellos, en la sociedad. El diálogo profético necesita la luz de la Palabra de Dios y la presencia amorosa de Jesús en el corazón de quien se abre al otro. Mirar con la mirada de Jesús y acoger con su corazón, capacita para descubrir en el otro (persona, pueblo, creación) la imagen del Dios en quien creemos. Para dialogar hay que saber arrodillarse ante el otro._____ Josep M. Abella, CMF (Obispo de Fukuoka, Japón).

"¡Somos misioneros! La Misión pertenece a nuestra identidad más profunda". | "We are missionaries! The Mission belongs to the core of our most fundamental identity".

MS 1 (Cf. CC 2; Dir 26.)